#reflexióndeportiva

Hoy me gustaría reflexionar sobre la importancia de llenar nuestra vida de personas que realmente nos aporten sentimientos positivos.

Llega  la Navidad se acerca el fin de año y la mayoría hace balance. Es hora de reencontrarte  contigo mismo y enfrentarte a  tu propio “YO”. Es hora de tomar conciencia de los resultados de nuestro comportamiento a lo largo de trescientos sesenta y cinco días. Es hora de soñar  e  ilusionarse con el año próximo…

Creo que como coaching es fundamental hacer ver a las personas que todo  gira alrededor nuestro; sean acontecimientos placenteros o experiencias desagradables; merecen una reflexión ,pues hemos sido nosotros mismos los responsables de nuestra situación actual.

Vuelve atrás en la linea del tiempo y  analiza todo tu propio comportamiento y vuelve a recordar los resultados de lo que has  hecho; te puedo garantizar que es un ejercicio poderoso para tomar consciencia de la responsabilidad que tenemos sobre nuestra propia vida.

 Esa responsabilidad con nuestra propia existencia esta plasmada de una manera especial en un cuento/metáfora sobre la Navidad. Esta escrito por Ángela Tejero Román, profesional experta en PNL.

Espero que disfrutéis. 

DULCE NAVIDAD

Jesús se despertó y con una gran sonrisa dio un salto para levantarse, abrió la puerta de la habitación y rápidamente se lanzó escaleras abajo hacia el centro del salón donde estaba situado el gran abeto que el día anterior, junto con sus padres José y María y Juan habían adornado. Como cualquier otro niño de su edad, su cara se iluminó al ver una gran caja alargada y miró a sus padres que en ese momento entraban de puntillas en el salón. Juan también les observaba desde la escalera. Conteniendo la emoción, Jesús abrió su regalo y encontró un fantástico tren compuesto de una locomotora y tres vagones, todo hecho de madera. El niño daba saltos de alegría y abrazaba a sus padres. José había dedicado todo loo que les quedaba, antes de dejar su casa, a hacer ese tren y ahora se veía recompensado con la alegría de su hijo.

En ese momento llamaron a la puerta sus vecinos, Melchor, Gaspar y Baltasar, que venían a pasar el día con ellos. Al ver el trenecito llenaron los tres vagones, uno de incienso, otro de frambuesas y el tercero con las últimas monedas que habían conseguido. Jesús tras dar las gracias, le dio a María las monedas, eso les ayudaría tras haberlo perdido todo, cogió el incienso y lo echó en la chimenea, lo que hizo que la estancia se inundase de un agradable aroma que hacía aún más feliz el momento si es que eso era posible y las frambuesas las dispuso en la mesa para que todos, juntos como siempre, disfrutasen de ellas.

Juan notó una lagrima cayendo por su mejilla al tiempo que abrió plácidamente los ojos, se levantó y bajó a la cocina para constatar, como en los últimos veinte años, que seguía estando solo. Se preparo un café y se dirigió a la ventana para ver el manto blanco que cubría toda la calle. Había estando nevando toda a noche. Y allí, justo enfrente de su casa, hundidos en la nieve, una familia con el coche cargado como si estuviesen haciendo una mudanza, estaba intentando arrancar un coche que no quería moverse. un niño jugaba alegremente con la nieve.¿Serían ellos?

Ángela T. Román (14/01/2009)

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